existir es un desgarro. escribo desde un cuerpo con síntomas extraños, un sabor de vacío en la boca, olfato disminuido, chingos de cortisol por fin disminuyendo en mi sistema... en el paréntesis formado entre el 15 de marzo y el 10 de mayo mi cuerpo revive mi aborto, el proceso por el que me he vuelto madre en varios sentidos, en varios niveles, madre de mi (yo-) hijo (e, a), madre de mi (yo-) producto, madre de mi (yo-) feto, madre de mi (yo-) bebé, madre de mi misma, madre de mi yo creadora, madre de mi yo-madre y caigo en cuenta que ha coincidido con una enfermedad ¿? respiratoria, pruebas de covid negativas, pero pues pinches pruebas y cosas, son unas loquillas, le creo primero a mis síntomas, a mi experiencia, a mis sensaciones.
siento mi cuerpo agarrado, amarrado, compacto, como con la piel y los músculos muy unidas a los huesos, mitigo el dolor de cabeza con un par de bioelectros, pero la sensación de extrañeza no se quita. recuerdo que esos meses me sentía enferma, extraña, como si hubiera algo podrido en mi interior, estaba haciendo cambios en mi vida, atreviéndome a dar clases, decidiendo dejar un trabajo que no me satisfacía y en el que llevaba casi 10 años, estaba felizmente casada, con la vida que hasta ese momento creí haber deseado siempre, hetera, cis, monógama, con una sexualidad “normal”, con amigas bien bonitas, siendo cada vez más yo misma, en procesos terapéuticos... algo no acababa de fluir y al mismo tiempo tampoco lo percibía en ese momento. mis cálculos indican que me embaracé por ahí del 15 de diciembre del 2015, estaba delgada como hacía mucho, he lidiado con el temido "sobrepeso" por años, me pegaba un montón, parecía que todo estaba perfecto y me sentía vacía, ajena. No usábamos método anticonceptivo porque monógamos y pues la vida es un riesgo y pues según nos cuidábamos en días fértiles y blabla, esas cosas que no funcionan, total que desde adolescente he tenido o tenía broncas con mis hormonas y menstruación y había meses que no menstruaba, entonces cuando mi ciclo no llegó en enero ni me alerté, me hice una prueba de embarazo en febrero -negativa- y seguí con mi renuncia laboral. “estoy haciendo un cambio cabrón, es el estrés”. pero llegó marzo y tampoco. las tetas me crecieron en los últimos como dos días, así de pronto también se me pusieron los pezones oscuros, ese mismo día una naúsea definitiva en la mañana, no mames, me tengo que hacer otra prueba. qué pedo con mi cuerpo, qué me está pasando. *suena “chica embarazada” de gloria trevi*. 10, 11 de marzo, pruebas positivas, PUM, en el coche, a oscuras, él sonrió con la noticia y yo no era capaz, yo me sentía de la berga y no entendía por qué ¿pues qué no es esto lo que deseaba, con él, para siempre?, él, sensible y maravilloso supo leer mi cara y mi energía y dijo algo como ¿tú no quieres, verdad?, “creo que no”, “apoyo lo que decidas”, “ahorita no”, “sí, ahorita no, después”
se atravesó un pequeño viaje familiar, y decidí “aplazar” mi decisión por unos días, total, este embarazo no podía tener más de un mes, ya que en febrero pues no estaba embarazada ¿no? jaaaaa, pasé dos días observando a la familia materna, percibiéndome... estaba el tío que abusó sexualmente de varias mujeres de la familia, vicios, máscaras, cosas bonitas también... mucho de lo que representaba mi deseo de vida, la familia, la compañía, lo que había visto toda la vida, pues...
prueba de sangre en la mañana, sí güey, que es positiva, que sí estoy embarazada, pero no mames ¿de cuánto tiempo?, ¿se ve eso en esta? le dije a él que fuéramos a preguntar al marie stopes, la verdad ese trance es difuso, es una energía que me guiaba, ahora sé quién fue, quizás alguna vez escriba de ese otro él que me habita. toda la experiencia es terrible, deshumanizante, sé que yo soy muy sensible y todo me atraviesa y me desgarra, pero esque hay cosas que están culeras de ahí, una espera fría, qué feas son las salas de espera, sillas grises, metálicas, frasecitas vanagloriándose de que ayudan a las mujeres a decidir, atención estereotipada, otras personas, otras mujeres con el mismo miedo en la mirada, mujeres jóvenes, adolescentes... me hicieron un ultrasonido, no me indicaron que lo viera, él lo vio moverse, tuvo el atino de reclamármelo un par de veces en momentos distintos después, yo no soy responsable de sus procesos, no soy la única responsable de esta vida dentro mío ¿yo qué?... 12.5 semanas, PUM, berga, shock, no mames. esta misma sensación de ahora, vacío, desconcierto, vértigo, desesperación y no poder escapar. situación inescapable. me explican el procedimiento, lo explican con ligereza. estoy aquí, tengo que decidir. métodos anticonpectivos. ¿te ponemos el diu de una vez? ajá sí, lo que sea. no. no quiero gestar, no quiero maternar, no ahora, quizás después, no ahora, me siento mal, algo está mal dentro. te amo. qué bueno que él está aquí, que me abraza, que me toca. no pagamos los pinches mil pesos de más que cobran para que me pudiera acompañar, error, pastilla para dilatar el cérvix, tampoco pagamos los creo mil pesos más por la anestesia. chingos de ketorolaco, esperar como media hora eterna a que haga efecto, cólicos, dolor, listo, sube, aquí te espero, te amo, miedo, consultorio frío, ponte la bata, apertura atrás, dos mujeres, casuales, en actitud de “aquí no pasa nada, es un procedimiento médico”, acuéstate, tus piernas aquí, relájate, ajá sí, como si pudiera, las voces de dos personas católicas, un hombre y una mujer rezando en voz alta por el alma de los abortos y por la mía, mil veces maldita que mata a su hijo, me avientan encima pavorosamente toda la vida de educación de familia católica, siento miedo y frío, necesito una mano humana, algo que me recuerde que soy humana, que hay calor, que existe, no me dejan ver el aparato del AMEU. con un movimiento busco la mano de la enfermera en el momento de la aspiración supongo, en el momento de mayor dolor, con las voces católicas elevándose vertiginosamente en el todo del vacío de mi cabeza y en mi cuerpo sin lugar que existe definitivamente sin existir. la pinche enfermera culera de mierda me quitó la mano, culera, culera, culera. no me quiso acompañar la culera, sólo necesitaba su mano, su humanidad, no su pendeja actitud de “ay, esto no significa nada, no es nada”, que pregonan con uno de los testimonios que se leía entonces en su página, la experiencia de una mujer independiente, con brillitos, con maestría y doctorado, que quiso abortar y que se decantó -usa esa pinche palabra pendeja varias veces- por un procedimiento por aspiración y con anestesia, ay sí, ni se enteró de nada, qué chingón es marie stopes porque nos ayuda a que abortar no sea nada, bravo bravo, viva viva marie stopes. chida tu experiencia, igual es lo que necesitabas por alguna razón, morra; pero pues qué descarnado ¿no? qué higiénico, qué poco humano, lo voy a decir: qué masculino, la neta. no sé todo lo demás -un chingo- de maternar, pero el aborto, la lactancia, ese nutrir, ese cuidar, no puede ser masculino, es una cosa, chale, que sí siento bien esencialmente femenina. y no se necesita de un útero físico para gestar cosas, que conste que siento y pienso eso. el útero como idea. pum. dije femenino, no de las mujeres, menos dije que sea algo exclusivo de las mujeres cis. maternen, perros, déjense afectar, vulnérense.
el dolor punzante, el mareo, como el de ahora, el ser y existir. la decisión tomada, ejecutada. ya es, marlen, he tomado una decisión por, para y desde mí misma completa y absolutamente por primera vez en mi puta entera vida, verga ¿esto se siente? verga, se siente completamente diferente a todo lo que he hecho toda la puta vida. verga. pum. quizás nacer, inconsciente, en el nacer ser y hacer y decidir son una misma cosa. marlen, esta soy yo. he sido gestada, he sido parida en el mismo instante. me he nacido. me paro y me gesto en este instante con estas letras, estoy mareada, estoy llorando de felicidad, como dicen que lloran algunas madres al ver a sus hijes, mi gato baco plácido a mi derecha, me duele la cabeza. la vida es una puta explosión de belleza, los colores son hermosos e intensos, la vida es belleza, contención y caída, todo y nada, grito, me toco la piel, me hormiguean las manos, siento desvanecerse la sensación de la cabeza, euforia, estoy drogada de ¿endorfinas? ¿oxitocina? soy madre de mí misma, perros, soy madre, soy madre, soy madre.
respiro, bailo el silencio, me caliento brownie con un plátano bieeen maduro, lechita de almendras, estoy conmigo, disfruto de estos momentos sin tiempo, conectados allá y ahora, sin tiempo. siento un profundo amor y orgullo por mí. mi anterior terapeuta ya me había hablado de esta experiencia, pero no, esto es otra cosa, esto es una soledad absoluta, ni el orgasmo, pues, ella me hablaba de esa soledad y de esa felicidad de parir.
soy extremos, llevo 10 años escribiendo una novela corta y escribo esto de jalón, sin revisar, lo he revisado y corregido después, que me gusta cuidar a mis hijes. gestarme y parirme es crear: escribir, tomar fotos, bailar, dibujar, cuidar; son para mí el mismo proceso, por eso y para eso escribo, para mí, publicarlo y darlo a tus ojos, bajita la mano, que esto está muy dentro, es una manera de cierre, de completar el ciclo o la vida del texto, de lo escrito; es el deseo de comunicar.
sigo algo mareada. desencajada, me levanto y me pasan a una sala “de recuperación”, con sillones, una mujer más, no me atrevo a mirarla a la cara, un té, algo de calor por fin. me parece que las dos mujeres que me atendieron me juzgan, soy muy sensible con eso, como si no tuvieran de otra que trabajar ahí y no creyeran que yo, mujer de 32 años, sana, amorosamente casada con un maravilloso hombre comprometido y trabajador debiera abortar, como si creyeran que yo, por alguna razón -prejuicios, roles de género- debiera ser madre, que es lo que toca y que soy esencialmente mala por abortar. esas ideas están también en mí. voy volviendo al mundo, ya con esta carga que no entiendo. bajo, él me recibe, me toca, me abraza. cancelé mi sesión de terapia de ese día, comemos pizza a oscuras, en la cama.
lo llevo a terapia, por supuesto, siento que no he terminado de cerrar. cuando me quitaron el apéndice, otra especie de parto que viví a los 17, me lo pusieron a lado de la cama de la clínica para que lo viera, órale, eso estaba adentro de mí, ¿para qué quiero esa madre?, a la chingada, tírenla. y ahora con este feto-producto-hijo-bebé ni siquiera lo pude ver, ni siquiera en el ultrasonido, quizás les da miedo que se nos abalance la culpa, y puede que tengan razón y por eso no nos los muestren, a los productos, a los fetos, no tuve acceso a su existencia, a su cuerpo después de tomar la decisión, no me preguntaron, no me dieron la opción. durante meses, quizás un año, eso me atormentaba, hice un ritual con una maceta, una planta, una manzana, nos despedimos de él. eso definitivamente ayudó pero tardó más, la verdad que sí me faltó su cuerpo, me hubiera gustado, necesitaba acunarlo en mis manos, chale, estoy sintiendo que hasta me lo hubiera comido, no sé por qué pienso y siento eso ahora, procesarlo, digerirlo. lo que me hizo soltarlo fue un sueño: estoy en un baño, un bebé se va por la tubería blanca, prístina, su pequeño cuerpo da volteretas como el agua del sanitario, en esas vueltas veo que tiene pene, el y al ver eso hace que por fin pueda irse. como que saber que era un niño me ayudó a concretarlo, a despedirlo, eventualmente a nombrarlo. el duelo fue difícil, doloroso, en una parte íntima profundamente solitario, irregular, un duelo profundo, pues.
también después tuve otro sueño donde una o varias mujeres me limpiaban el útero, lo sacaban todo de ahí, también ese sueño me dio paz.
me transformé, hasta ahora había
dicho que no había vivido o no quería vivir el tremendo y profundo
proceso de transformación que es ser madre, estoy dándome cuenta de
que sí lo viví en ese momento, de que he sido madre de él y de mí
misma por 5 años. existir es un desgarro, mis tiempos y los suyos
están intrincadamente unidos por edades paralelas -3 meses de
gestación, por ejemplo, en que tuve mi primer recuerdo, una caída-,
el más puro acto de amor que pude y quise darle a mi hijo es el no
existir.